Lugar

Galatina

El Salento es una tierra suspendida entre los mares Jónico y Adriático, de cielos amplios, resplandores desenfrenados y extensos horizontes que realzan colores, con más de 2000 km cuadrados de superficie y 206 km de borde costero con fabulosos acantilados y mágicas playas.
Galatina es una perla situada en la península salentina, con su antiguo “borgo” y su tejido urbano caracterizado por edificaciones de estilo vagamente oriental que se entrelazan con la arquitectura de los antiguos palacios del ‘700 y sus fachadas de exquisita elegancia artística.
La ciudad de Galatina, que en el 2004 ha sido reconocida formalmente como Ciudad de Arte, relata una historia antigua a través de iglesias, palacios y patios. En el centro histórico sobresale la Basílica de Santa Catalina de Alejandría, uno de los más importantes y renombrados monumentos del arte románico-pugliese del siglo XIV.
Galatina, ciudad símbolo del Tarantismo, defiende la tradición de un ritual muy antiguo, un lugar ideal para una estancia de estudio y diversión.

La cuna del Tarantismo

El Tarantismo es un fenómeno histórico-religioso que se caracterizó en la Italia meridional, particularmente en la región de la Puglia desde la Edad Media. Su momento de mayor plenitud fue en el ‘700 para luego, lentamente, iniciar una lenta e inevitable decadencia que lo llevò a sobrevivir sólo en algunos sectores de la península salentina. San Pablo fue el protector de los tarantati y quien concedía la gracia de sanar la mordedura venenosa de la taranta (araña). La sanación llegaba también por la ayuda de la música, la danza (la pizzica) y los colores. La mordedura afectaba principalmente a mujeres campesinas provocando un estado de depresión e inercia cuya sanación dependia del sonido de una música marcada por el ritmo de panderetas, violines y acordeones que acompañaba una danza frenetica y obsesiva, dando origen a la pizzica. Actualmente, en las noches salentinas, es muy fácil encontrar por las calles a músicos que animan las calurosas veladas del verano al ritmo de la pizzica. Lo difícil es resistirse a participar de los desenfrenados bailes al compás de la música y cantilenas dialectales, típicas del salento.

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